lunes, 3 de mayo de 2010

Pintura

En el Quattrocento (siglo XV) los pintores, aun tratando temas religiosos la mayoría de ellos, introducen también en sus obras la mitología, la alegoría y el retrato, que se desarrollará enormemente. Una búsqueda constante de los pintores de esta época será la perspectiva, objeto de estudio y reflexión para muchos artistas: se trató de llegar a la ilusión de espacio tridimensional de una forma científica y reglada. La pintura se aproxima cada vez más a la realidad. Aparece la naturaleza retratada en los fondos de las composiciones, y se introducen los desnudos en las figuras tratando de asemejar los cuerpos a la proporción real del hombre.
También se le da un desprecio al arte gótico u oscuro instaurado en las iglesias o en la arquitectura y se comienza a pintar sobre tela y al óleo junto con la perspectiva en los cuadros.

Los pintores más destacados de esta época serán: Sandro Botticelli, Fra Angélico, Masaccio, Perugino. Mantegna, Giovanni Bellini.

El Cinquecento (siglo XVI) fue la etapa culminante de la pintura renacentista, y denominada por ello a veces como Clasicismo. Los pintores asimilan las novedades y la experimentación cuatrocentistas y las llevan a nuevas cimas creativas. En este momento aparecen grandes maestros, cuyo trabajo servirá de modelo a los artistas durante siglos.

El primero de ellos fue Leonardo da Vinci, artista multidisciplinar, intelectual y obsesionado con la perfección. Quizá su principal aportación fue el sfumato o claroscuro, delicada gradación de la luz que otorga a sus pinturas una gran naturalidad, a la vez que ayuda a crear espacio. Entre sus obras se encuentran Última Cena, Gioconda, La Virgen de las Rocas o el San Juan Bautista.

Miguel Ángel es la segunda, cronológicamente, gran figura. Fundamentalmente escultor, se dedicó a la pintura de forma esporádica. Los frescos de la Capilla Sixtina muestran el atormentado mundo interior de este artista, poblado de figuras monumentales, sólidas y tridimensionales como si fueran esculturas, y de llamativa presencia física. En su obra cobra mucha importancia el desnudo, aun cuando la casi totalidad de la misma fue hecha para decorar iglesias.

Rafael Sanzio completa la tríada de genios del Clasicismo. Su pintura busca ante todo la grazia, o belleza equilibrada y serena. Sus Madonnas recogen las novedades de Leonardo en lo que se refiere a composición y claroscuro, añadiendo una característica dulzura.

Con la aparición de estos tres grandes maestros, los artistas contemporáneos se dedicarán, por un lado, a incorporar estos logros, y por otro a buscar un estilo propio y original como forma de superarlos. Ambas cosas, junto con el ambiente pesimista que se respiraba en la Cristiandad en la década de, hizo surgir con fuerza a partir de los años 30 del siglo XVI una nueva corriente, el Manierismo. Se buscará a partir de entonces lo extravagante, lo extraño, lo exagerado y lo irreal.

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